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RESUMEN
El concepto clásico de que el corazón es un
órgano no regenerativo ha cambiado en los últimos años: hoy día se considera
que el corazón es un órgano en regeneración continua. Los mecanismos que
posee el organismo para la renovación de tejidos son limitados y dependen
de la rapidez de instauración del daño.
El cardioimplante celular consiste en injertar células diferenciadas o
progenitoras en el miocardio lesionado, con el fin de inducir el crecimiento
de nuevas fibras musculares y el desarrollo de angiogénesis, para mejorar
y contribuir a la contracción sincrónica.
Se han utilizado diferentes poblaciones celulares para tal fin, injertadas
directamente en el miocardio o inyectadas en la circulación.
En experimentación animal, en modelos de infarto de miocardio, el implante
de células autólogas diferenciadas (cardiomiocitos embrionarios, fetales,
mioblastos esqueléticos) ha mostrado un mejoramiento en la función ventricular.
Por otra parte, la utilización de células madre de médula ósea o tejidos
extramedulares ha producido la regeneración de cardiomiocitos y estructuras
vasculares incluyendo células endoteliales y musculares lisas.
El 15 de junio de 2000 se inició en Francia la fase I clínica en diez
pacientes con cardiopatía isquémica necrótica, disfunción ventricular
izquierda severa. Los pacientes fueron tratados con implante epicárdico
de mioblastos esqueléticos en las zonas no viables y revascularización
en zonas isquémicas remotas al implante. El 60% de las zonas no viables
donde se trasplantaron los mioblastos adquirieron un aumento del espesor
sistólico y contractilidad en las zonas necróticas.
En el mundo ya han sido tratados cientos de pacientes, con diferentes
poblaciones celulares, la mayoría con insuficiencia cardíaca secundaria
a cardiopatía isquémica-necrótica, en los cuales se han obtenido resultados
alentadores.
Las evidencias actuales sugieren que en un futuro cercano el cardioimplante
celular podría ser una opción válida para el tratamiento de ciertas enfermedades
cardíacas.
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